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El Palacio de Gyeongbokgung es el corazón histórico de Seúl y uno de esos lugares donde la ciudad muestra su lado más elegante y tradicional. Construido en 1395 durante la dinastía Joseon, sus patios, pabellones y tejados de colores contrastan con los rascacielos que lo rodean.
Más allá de la visita al palacio, merece la pena perderse por sus alrededores y combinarlo con un paseo por Bukchon y las calles tradicionales de Jongno. Un imprescindible para entender la otra cara de Seúl.

Entre palacios y rascacielos aparece Bukchon Hanok Village, uno de los rincones con más encanto de Seúl. Sus calles empinadas están llenas de hanok, las casas tradicionales coreanas de tejados curvos y fachadas de madera y piedra.
Lo mejor es recorrerlo sin prisa, alejándose de las calles más concurridas y descubriendo pequeños cafés, tiendas de diseño y estudios escondidos entre las casas. Una parada perfecta para conocer el Seúl más tradicional, pero también más tranquilo y especial.

El Dongdaemun Design Plaza (DDP) es uno de los iconos contemporáneos de Seúl. Diseñado por Zaha Hadid, su enorme estructura de formas curvas y futuristas parece casi una nave espacial en medio de la ciudad.
Más que un museo, es un espacio dedicado al diseño, la arquitectura, la moda y la cultura, con exposiciones temporales y una programación que cambia constantemente. Imprescindible si te interesa el diseño y la arquitectura contemporánea.
